Kim Gordon nos presenta su trabajo más accesible, pero también el más interesante que ha creado en solitario, bajo su nombre. La ex de Sonic Youth nunca ha abandonado el terreno de las arenas movedizas con discos arriesgados como lo fue su trabajo anterior "The Collective", un álbum que recibió dos nominaciones a los Grammy. Pasados dos años nos sorprende con "Play Me"sin bajar el pistón con trap distorsionado, grime, rap, krautrock, guitarras hipnóticas...y muy agresiva, probablemente como nunca antes. A sus 72 años muestra uñas y no se corta a la hora de criticar la administración de Donald Trump, como cuando en "Byebye" recita una serie de palabras censuradas por el mandatario como 'diversidad', 'transgénero', 'hispano' o 'útero'.
Sumamamente concienciada sobre el mundo que nos rodea en "Dirty Tech" se pregunta si su próximo jefe será un chat de inteligencia artificial, y en "Subcon" ridiculiza a los tecno-bros y su obsesión con Marte. en la incial "Play me" los beats de trap sirven para atacar a esas plataformas que sugieren un catálogo de playlists para escuchar cosas tan ridículas como: 'chica rica popular' o 'relajándome después del trabajo'. El creciente fascismo se presenta envuelto en muchas formas y colores. La brevedad de las canciones, que no superan los tres minutos, obliga a una escucha atenta a los detalles: samples de conversaciones, distorsiones, texturas electrónicas o el ruido ambiental.
"Play me" es un disco de resistencia, donde las migraciones forzadas, colapso ecológico, las detenciones ilegales o la inteligencia artificial aparecen como síntomas de un nuevo y peligroso orden social que busca el control. La sofisticación tecnológica se ha aliado con la brutalidad de mandatarios y empresarios que pretenden mermar nuestros derechos como ciudadanos. La advertencia es clara: vivimos en un mundo que parece avanzar hacia formas cada vez más deshumanizadas de organización social.
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