La formación estadounidense ha regresado a un sello independiente después de permanecer durante dos decenios con Atlantic –de la gigante Warner– para apostar por sesiones de grabación con la banda en directo. Tal vez no brillan con la misma grandilocencia, pero se agradece la intensidad, el nuevo tono post-punk, con momentos de distorsión en temas como "Punching the flowers", o en "How heavenly a state", pero también hay electrónica en “Trap Door”. Sin duda Benjamin Gibbard, guitarra, compositor y actual líder de la banda, buscaba un cambio para esas letras llenas de dolor y madurez en las que reflexiona sobre su reciente divorcio y la fragilidad humana. Como cuentan en sus redes: "Si alguna vez has tenido que intentar convencerte a ti mismo y a todos los que te rodean de que estás bien cuando definitivamente no lo estás, esta canción es para ti".
Sorprendentemente estamos ante uno de los discos más destacados de la banda, algo que apriori podría resultar incomprensible tras la marcha de Chris Walla. La resurrección creativa de Death Cab For Cutie es estimulante, como prueban temas como el pop rock de siempre en "Stone Over Water", "I Build You A Tower", el kraut-pop del single “Riptides” o las guitarras agresivas de la mencionada “Punching The Flowers”.
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