Atención a este disco. Te advierto que el segundo álbum de Mandy, Indiana es brutal, urgente, nada amable y plagado de desasosiego. "Urgh" está propulsado por una tremenda furia, por eso tal vez resulta tan fantástico. Todo está justificado porque toda esa rabia debes saber que funciona como un manifiesto sobre el dolor, para explicarlo hay que enumerar las múltiples operaciones quirúrgicas por las que pasaron el batería, Alex Macdougall, quien se sometió a una cirugía por una hernia y, después de que los médicos encontraran un bulto, le extirparon la mitad de la tiroides. Por su parte la vocalista, Valentine Caulfield, perdió casi toda la visión de un ojo. Eso ocurría durante la grabación del disco, con sesiones que a veces se prolongaban hasta 10 horas. Todo estuvo a punto de arruinarse, pero por contra aquella experiencia sensorial ha convertido este trabajo en una apisonadora sónica con pulso techno y una tensión dificilmente sostenible. El cuarteto, que se mueve entre Manchester y Berlín, habla sobre el dolor y la violencia del mundo, de las reivindicaciones, del genocidio en Gaza... con la voz de Valentine Caulfield, en francés, al frente de todo escupiendo frases en una declaración de poder, sin tregua, con fiereza. Ese ruido atronador se convierte en una fuerza de la naturaleza prodigiosa.
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