domingo, 6 de septiembre de 2026

FONTAINES D.C. "Marianne"

 

Los irlandeses acaban de presentar “Marianne”, el primer adelanto de su quinto álbum de estudio, “Dopamine Chamber”, que verá la luz el próximo 16 de octubre a través de XL Recordings. Después de “Romance”, la banda vuelve a demostrar que no tiene ninguna intención de quedarse instalada en la fórmula que les ha llevado hasta aquí.
“Marianne” es una canción inquietante, atmosférica, hipnótica. Hay algo seductor en ella, pero también una sensación de peligro que va creciendo poco a poco. Fontaines D.C. dejan atrás parte de la contundencia guitarrera de sus primeros trabajos para adentrarse en un territorio más frío y sintético. Las guitarras siguen estando ahí, pero ya no parecen tener el mismo protagonismo: ahora comparten espacio con sintetizadores, percusiones y una producción mucho más envolvente.
Y ahí aparece Grian Chatten, siempre capaz de convertir una canción en algo que parece estar ocurriendo en algún lugar entre un sueño y una pesadilla. “Marianne” habla de escapismo, hedonismo y de esa necesidad de desaparecer cuando la realidad empieza a resultar demasiado incómoda. Una huida hacia delante que puede parecer liberadora durante unos minutos, pero que también esconde algo bastante más oscuro.
Al parecer la canción está inspirada en la serie “Ripley” y encaja perfectamente con la atmósfera que Fontaines D.C. parecen querer construir para su nuevo disco. Si en “Romance” había una cierta fascinación por la pérdida de humanidad y por un mundo cada vez más dominado por la tecnología, ahora parecen querer llevar esa idea todavía más lejos. “Dopamine Chamber” nace precisamente alrededor de esa sensación de vivir atrapados entre la ansiedad, la sobreestimulación y la necesidad constante de escapar. Un mundo lleno de información, imágenes, violencia, entretenimiento y distracciones que nos mantiene permanentemente conectados mientras, paradójicamente, cada vez resulta más difícil conectar con algo real. Y “Marianne” funciona como una magnífica puerta de entrada a ese universo.
“Marianne” no necesita correr. Se toma su tiempo, crea tensión y consigue que sus casi cuatro minutos pasen dejando esa sensación de querer volver a escucharla inmediatamente. Una canción que entra poco a poco. De momento, parece que el viaje vuelve a merecer la pena.

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