miércoles, 28 de octubre de 2026

PEQUEÑO MAL "Somos Pequeño Mal"

 

Por fin ha llegado el disco de debut de Pequeño Mal. Se han hecho de rogar pero ya tenemos este álbum que reúne once canciones de este proyecto nacido de la trayectoria de Saray Botella y Lolo González Molinier, vinculados anteriormente a Hazte Lapón.
Se dieron a conocer en marzo de 2025 con "Epilepsia de amor", un single doble en el que dejaban ver que su pasión por los sonidos new wave, power pop y noise pop. Desde entonces, no han dejado de compartir singles con dos canciones cada cierto tiempo, y ahora, han recopilado once de esas canciones para dar con su primer trabajo. A las piezas ya conocidas han incorporado “El escenógrafo” y “Lemniscata”, dos canciones nuevas que faltaban por escuchar del disco.
Saray Botella y Lolo González Molinier han encontrado una nueva manera de hacer lo que mejor saben: escribir canciones de pop con guitarras, inteligencia, mala leche y una sensibilidad que no necesita ponerse trascendente para acabar tocándote la fibra.
En "Somos Pequeño Mal" recuperan el gusto por las melodías bien construidas, los estribillos que se quedan a vivir en la cabeza y esas letras que parecen escritas por alguien que ha leído unos cuantos libros, ha escuchado demasiados discos y, pese a todo, todavía no ha perdido la capacidad de reírse de sí mismo. Que no es poco.Aquí hay power pop, hay new wave, hay noise pop y hay guitarras que no están dispuestas a quedarse en segundo plano. Pero, sobre todo, hay canciones. De esas que no necesitan un manual de instrucciones ni una campaña de marketing para justificar su existencia. Pequeño Mal parecen haber entendido que el secreto no consiste en inventar un idioma nuevo cada mañana, sino en tener algo que decir en uno que ya conocemos. Una querencia por el pop independiente que no necesita pedir permiso a las tendencias.
Desde "Epilepsia de amor", que abre el álbum con su particular combinación de desamor y melodía, hasta "Lemniscata", el grupo va desplegando un repertorio que alterna la electricidad guitarrera con momentos más delicados. "Balanza y espada" juega con la sensación de estar atrapados en una rueda de la que no sabemos muy bien cómo salir; "Golden Retriever" convierte las relaciones humanas y sus contradicciones en una pequeña colección de ocurrencias afiladas; y "Pompas de jabón" aporta otro matiz a un disco que no se conforma con disparar estribillos a quemarropa.
Entre sus grandes aciertos están las letras de Lolo, capaces de mezclar referencias culturales, juegos de palabras y observaciones bastante certeras sobre el mundo que nos ha tocado vivir. En "Vendrán a por ti", el punto de mira se dirige hacia los algoritmos y esa maquinaria digital que pretende conocernos mejor que nosotros mismos. En "Dos neuronas", el enredo sentimental se cruza con las paradojas del lenguaje y el pensamiento. Hay humor, sí, pero también una desconfianza saludable hacia la estupidez revestida de modernidad.
Y después está "Calaveras y diamantes", que demuestra que detrás de la ironía hay espacio para la emoción sin necesidad de subrayarla con rotulador fosforito. Porque una cosa es escribir canciones ingeniosas y otra, bastante más complicada, conseguir que además duelan un poco. Pequeño Mal sabe moverse entre ambas sin perder el equilibrio.
La banda se completa con Antonio y Carlos Fernández Hermana, de Living Camboya, y Fernando Bertola, vinculado a Súper Cadáver. Con Jordi Gil en la producción, el resultado tiene la contundencia necesaria para que las guitarras manden, pero también el cuidado por los arreglos y las voces que permite que las canciones respiren.
La jugada tiene además su gracia: varias de estas canciones habían ido apareciendo como singles desde 2025, de modo que el álbum no llega precisamente cargado de secretos. Lo interesante es escucharlas reunidas, comprobar cómo encajan y descubrir que, juntas, dibujan una personalidad mucho más definida de lo que podría sugerir una simple recopilación de adelantos.


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